Al menos eso dice el refrán que intitula este post, sin embargo, hablando de política, vale la pena resaltar el aplomo con el que el ex-alcalde Enrique Peñalosa asumió la aplastante derrota en los comicios del fin de semana pasado.
Fue todo un ejemplo de diplomacia, sin necesidad de humillar al contendor, quien resultó vencedor.