Hoy, más que en otros años, he tenido presente ese domingo 11 de enero de 2004.
Eran
aproximadamente las 7 de la mañana, cuando sonó el teléfono. Contestó mi mamá.
-¿
Alo?
-Hola
Adrianita.
-Hola madre, ¿cómo estás?
-
Adrianita,
veníte que tu papá está regular.
Mis papás se pusieron una sudadera y salieron corriendo para donde mis
abuelitos. Yo, estaba entre dormida y despierta y me quedé entre las cobijas luego de rogarles a mis papás que nos llevaran.
Dos horas después llamó mi papá. Contestó mi hermano... mientras ellos dos hablaban, mi hermana y yo nos sentamos a su lado y, mi hermano se puso a llorar. Ambas entendimos lo que había pasado, sin embargo, la pregunta tonta salió:
Sebas, ¿qué pasó?. Mi hermano no contestó, sólo lloró.
El día anterior, habíamos estado en Centro
Chía, cambiando la maleta que
Juancho (mi tío) le había regalado a
Dani (mi
hermanita) para el colegio. Volvimos a
Bogotá y mi papá prefirió quedarse en la casa, entonces mi mamá le dijo: voy a ir a comprarles los uniformes a las niñas (era mi último año de colegio y el segundo de
Dani) y luego voy a ir donde mi
papi. No hubo lío y salimos los cuatro (mi mamá,
Sebas,
Dani y yo).
Luego de hacer esas vueltas de los uniformes llegamos donde el
abuelito. Al vernos, lo primero que nos dijo fue ¡por fin pudieron venir!, pues desde el jueves de esa semana no
íbamos y, teníamos la costumbre de ir todos los días. Esa tarde-noche no fue nada del otro mundo... estuvimos ahí con él conversando y viendo
tele, estaba perfecto.
Por ser los nietos mayores, mi hermano y yo tenemos la ventaja sobre Juliana,
Daniela y Manuela, de tener recuerdos del
abuelito sin que estuviese todo el día conectado a un tanque de oxígeno. Tuvimos la fortuna de ir con él y María
Elena (mi tía) a trabajar a
Cajicá y, que para evitar que nos
durmiéramos en la camioneta nos dijera, mij@, esté pendiente que más adelante hay elefantes rosados y, todo el camino, nosotros
esperábamos para ver los dichosos elefantes, que nunca vimos, pero siempre nos
creímos el cuento.
Otro de mis múltiples recuerdos de mi
abuelito es cuando me "regañaba" por
untarme la cachetina de mi
abuelita. Me acuerdo que me decía "
mija, las niñas no se maquillan, ya le llegará la hora".
Otro día, yo tenía una muñeca muy paliducha, para su concepto, y no tuvo inconveniente en coger el
pinta labios de la
abuelita y ponerle color a las mejillas... desde ahí la pobre
Angelina no volvió a ser la misma.
Siempre estuvo pendiente de todos... que
comiéramos bien, siempre pretendió que
comiéramos más de lo mandado... "¡
mija, esta
muchachita tiene hambre,
mirá a ver que le das!", le decía a la
abuelita cada vez que me veía bostezar. A mis papás siempre les decía que me dieran aceite de hígado de
bacalao porque estaba muy flaca. (De chiquita siempre fui muy
flacuchenta). Que
hiciéramos las tareas, que nos
cambiáramos al llegar del colegio, etc., etc.. Siempre quiso lo mejor.
Recuerdo haberlo visto bravo,más de una vez, porque los
borrachitos de la cuadra en donde
vivían le decían a mi
abuelita, "ahí va la señora bonita", o "es que ella es la señora más elegante de la cuadra", cuando ella iba o venía de donde Alicia, la señora que la ha peinado, al menos desde que yo puedo recordar.
Cuando ya dependía del oxígeno todo el día, se volvió un
televidente de marca mayor. Le gustaba mucho ver las noticias, ver
fútbol, el "canal español", que es como le decía, y le dice mi
abuelita a
TVE y,
Fashion TV. Al punto que, una vez, entraron los muchachos del oxígeno a hacer el cambio de la bala y le dice uno "pero es que antes respira don Miguel, con todas esas bellezas ahí en la
tv".
Hoy, más que otros días lo extraño, pero sé que donde quiera que esté, está muy bien, alegrándose de cada uno de nuestros triunfos y, pendiente de nuestras
caídas y levantadas.